Un día en el preescolar Bosque de Micael

Las puertas se abren desde temprano, poco a poco nuestros estudiantes empiezan a llegar y mientras esperamos a todos, realizamos dibujos, manualidades, regamos las plantas y en ocasiones preparamos galletas. Una vez que nuestro grupo está completo, salimos al jardín y tomándonos de las manos damos la bienvenida a cada estudiante y maestra, cantamos la ronda de la época que tiene relación con las estaciones del año y al terminar caminamos hasta adentrarnos en el bosque. 

 

Cada día es una experiencia diferente. Nuestro camino empieza con una resbaladilla natural y después de echarnos por ella, seguimos caminando. Con cada paso que damos vamos descubriendo la naturaleza que nos rodea, aparecen seres vivos con los que compartimos nuestro espacio, encontramos y recolectamos tesoros, todos ellos elementos que nos conectan con nuestro entorno. En nuestro camino siempre hay preguntas y hasta nuevos retos, desafíos que acompañados por las maestras llevan a las niñas y niños a dar más de sí mismos.

 

Hay días en la semana donde en vez de ir al bosque vamos a visitar las caballerizas, donde participamos limpiando el establo, el bebedero de los caballos, cambiamos su cama y después pasamos tiempo con ellos cepillandolos. Seguimos nuestras actividades en la granja, donde convivimos con gallinas, conejos, patos, gansos y borregos a quienes acariciamos y damos de comer.

 

El día continúa, y al finalizar nuestra primer actividad nos reunimos en un claro, donde hacemos un picnic para compartir nuestros alimentos. Nos sentamos en círculo, cantando y con las manos en el corazón damos gracias y empezamos con el almuerzo. Cuando todos terminamos, levantamos nuestros utensilios, los guardamos y empezamos una de nuestras actividades favoritas: jugar.

 

Durante el juego, los niños y niñas se balancean en la hamaca, trepan árboles, hacen figuras con arcilla, y simplemente dejan volar su imaginación; como maestras, nos toca observar y acompañar.

 

Por medio de una canción, todos empezamos a agruparnos y emprendemos nuestra caminata hacia la escuela. Una vez ahí, nos lavamos las manos, cambiamos nuestra ropa y tomamos agua fresca. Entramos al salón y disfrutamos de comer plátanos y semillas, que ayudan a los niños y niñas a relajarse, los más pequeños toman una siesta, acompañada de frazadas y canciones de cuna. Los mayores también se relajan y después ayudan a lavar y a secar los utensilios que se utilizaron durante el almuerzo, mientras los pequeños despiertan.

 

Nuestro día finaliza encendiendo una vela y con la narración de una historia, correspondiente a la estación,  en la que todos participamos escuchando atentamente, cantamos para despedirnos y salimos al jardín a jugar hasta que nos toca decir hasta mañana.

Los siguientes años

Iniciamos nuestro día cantando, todos y todas nos saludamos y a través de las rondas empezamos a activarnos.

 

Tomamos nuestros macutos, que contienen herramientas que todo explorador necesita y nos preparamos para nuestra caminata en el bosque, que cada día tiene un objetivo académico diferente. Poco a poco, entre más nos adentramos en el bosque, nuestra curiosidad empieza a despertar, observamos, nos cuestionamos, descubrimos, y también nos reconectamos con la naturaleza. 

 

Continuamos hasta llegar a nuestro lugar especial, donde rodeados de árboles damos inicio a nuestra clase principal, en la cual abordamos las materias de Español y Matemáticas, las cuales complementamos con ejercicios y actividades que puedan llevarse a cabo al aire libre y con materiales didácticos naturales. Además, complementamos nuestro aprendizaje con el desarrollo de habilidades musicales, artísticas y manuales. 

 

Llegada la hora del almuerzo, guardamos nuestros materiales y nos trasladamos al campo. Entre todos preparamos la comida, recetas sencillas, nutritivas y muy ricas, (generalmente diseñadas por los niños y niñas). En ocasiones, hacemos uso de fogatas para calentar nuestras bebidas y alimentos, sobretodo en épocas frías. 

 

El mejor momento para jugar y echar a volar la imaginación es después del almuerzo. Es uno de los momentos favoritos del día para los niños y niñas, porque cada quien crea su experiencia de aprendizaje, se divierten y fortalecemos nuestros vínculos como grupo, en ese momento, las maestras nos volvemos observadoras y acompañantes del proceso individual de cada uno de ellos. El movimiento siempre está presente, y después de una sesión de juego libre, ese movimiento se transforma en actividades dirigidas, como el juego con pelotas y el tiro con arco, que refuerzan los temas vistos en la clase principal. 

 

Nuestro día continúa, dependiendo del cronograma, complementamos nuestros objetivos de aprendizaje en el huerto escolar, la granja y el hípico, sitios que también mejoran el vínculo que tenemos con otros seres vivos. Todos los días, fomentamos prácticas que los forman como personas transformadoras de cambio, tanto social como ambiental. 

 

Concluimos nuestro día con una narración, a veces somos oyentes y otras contadores de historias, siempre disfrutamos éste tiempo para imaginar a los personajes y paisajes. Platicamos sobre nuestro momento favorito del día, sobre cómo nos sentimos y decimos hasta mañana con una canción.

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